Por: Gustavo Ayala Cruz

La visita de Barack Obama, Presidente de Estados Unidos, a Cuba constituyó la noticia internacional más destacada de los últimos tiempos, recibiendo una gran cobertura y todo tipo de calificaciones, incluidos varios comentarios sobre la supuesta nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos con América Latina y el Caribe. No obstante, más allá de la novedad y de festejos presurosos, es importante analizar con más detenimiento el gesto en sí, la coyuntura que se vive y los posibles escenarios de futuro.

Desde luego que la visita de un Presidente de Estados Unidos a Cuba es una noticia y una novedad histórica. Estados Unidos ha implementado una agresiva política de ataque a la Isla desde el triunfo de la Revolución. Obama intenta dar término a ese período y normalizar las relaciones bilaterales. Esto supone un triunfo del gobierno cubano al ser reconocido como el representante de Cuba, una condición que Estados Unidos le negó permanentemente, y le permite iniciar diálogos directos y formales sobre los temas de interés mutuo. Falta todavía ver si la nueva política del presidente saliente Obama se mantiene con el próximo Presidente de Estados Unidos.

En ese sentido, el viaje de Obama a Cuba escenifica el cambio. Sin embargo, parece ser un cambio más en las formas que en los fines. El gobierno demócrata de Estados Unidos no se ha cansado de decir reiteradamente que la política del bloqueo tiene que terminarse por ineficaz, no porque sea injusta o equivocada. Estados Unidos no renuncia a boicotear y torpedear a la Revolución Cubana, simplemente está desarrollando una nueva táctica más compleja, sutil y refinada. Ya hace décadas algunos analistas no ortodoxos pedían cambios en la política norteamericana hacia Cuba. Varios de ellos, tras analizar las experiencias del bloque soviético, mencionaban que incentivar la escasez era una mala táctica para reventar el sistema del llamado “socialismo real”, que la mejor forma de hacerlo era con la abundancia que el capitalismo puede generar. Abundancia, claro está, en la oferta, luego como sabemos en la región, la escasez se da en el consumo individual dado el bajo nivel de ingresos de los habitantes pobres en un país. Antes se apostaba por aislar a Cuba, ahora el gobierno de Obama busca influir más en la sociedad cubana acrecentando su presencia e interrelación. Una mayor relación económica y cultural configura un nuevo campo de batalla ideológico y político para la Revolución.
De hecho, si se revisa la construcción simbólica de la presencia de Obama en Cuba se observa que el destinatario no fue el gobierno cubano, sino su sociedad civil. Obama desplegó su presencia con la intención de seducir a la sociedad cubana, de mostrar el rostro amable del gobierno de Estados Unidos y las potencialidades del capitalismo contemporáneo.

Más allá del gesto, vale también entender el momento. Hace una década Estados Unidos había disminuido su presencia en América Latina, ocupando cada vez un menor interés en su agenda internacional. Adicionalmente, América del Sur vivió un buen momento económico que permitió a sus gobiernos desarrollar políticas internacionales más autónomas y activas en el sistema internacional. Algo reforzado también por la emergencia de varios gobiernos progresistas en la región. Sin embargo, hoy el escenario cambia. Las repercusiones de la crisis económica mundial llegan con fuerza a la región que evidencia sus problemas históricos y estructurales. Esto hace que se pierda margen de maniobra y autonomía. A lo que se suma un desgaste de los diferentes gobiernos progresistas. Estados Unidos entiende el nuevo escenario político y ya no se detiene sólo en impulsar gobiernos conservadores y sus alianzas geopolíticas (Alianza del Pacífico) sino que empieza a desarrollar una política internacional más activa para la región y diferenciada por países. Aunque no se puede decir que Estados Unidos haya superado la crisis económica del 2008 sí es claro que su posición en el sistema económico mundial lo convierte en el actor más fuerte y decisivo.

Cuando se dio la Revolución Cubana Fidel entendió que la construcción de una sociedad alternativa y la consolidación de la Revolución en un país con las características de Cuba estaban condenadas al fracaso si no apostaba por su internacionalización, aún con el riesgo de exponer la sobrevivencia del gobierno cubano. Sólo así se explica la activa presencia internacional de Cuba, las misiones de solidaridad en el mundo, las relaciones con las izquierdas latinoamericanas e incluso la participación armada en conflictos en África. Sin embargo, luego de décadas de resistencia, en un contexto histórico de continuas derrotas de las izquierdas en todo el mundo, hoy Cuba privilegia su desarrollo nacional, busca mejorar su precaria situación económica e inicia una transición de su modelo de sociedad, aunque aún no se sabe el tipo de modelo por el que apuestan políticamente las autoridades del gobierno cubano.

Según algunos analistas, Cuba ya había intentado en otras oportunidades entablar negociaciones con Estados Unidos para normalizar sus relaciones. Incluso en algunas de ellas se dice que participó activamente Ernesto “Che” Guevara. En aquel entonces, la propuesta cubana iba más en la línea de mantener una posición autónoma internacional, con relación con Estados Unidos y sin alineación con la entonces Unión Soviética. Por diferentes razones las iniciativas fracasaron, Estados Unidos buscó destruir la Revolución y finalmente Cuba se alineó con el bloque soviético, hasta su extinción. Hoy sin bloque de poder alternativo a Estados Unidos y en un escenario de crisis económica mundial es más difícil pensar en preservar márgenes de maniobra y apuntalar autonomías económicas y geopolíticas. Pero hoy parece más que nunca que la posibilidad de construir mundos alternativos y de cambiar la inserción internacional pasa por la integración latinoamericana. Hoy, como antes, el futuro de Cuba se juega en el futuro de América Latina y el Caribe.