La ponencia “Los caminos para la igualdad” fue presentada por Patricio Zambrano en el seminario internacional “Trabajo decente, educación y salud públicas: motores de la igualdad”, en el marco del Congreso Nacional del Partido Socialista Argentino el pasado 18 de marzo.

Por primera vez, en muchas décadas gran parte de América Latina, especialmente en varios países de América del Sur, se han logrado avances significativos en la lucha contra la pobreza e incluso, aunque en mucho menor medida y en forma menos general, avances contra la desigualdad.

Entre las causas, algunos analistas consideran que el buen momento se explicó por el incremento en la demanda internacional de las materias primas -por volumen y precio-, lo que benefician a la mayoría de países de la región. La emergencia de China y la India, especialmente, fueron factores decisivos para ello. Pero esta buena coyuntura internacional para países primario exportadores no agota la explicación. Pues la experiencia histórica nos demuestra que otras coyunturas favorables en la demanda de materias primas no tuvieron los mismos efectos en el crecimiento y la inclusión social.

Otros enfatizan la existencia de gobiernos progresistas como la explicación a esta mejora en los indicadores sociales. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Primero, porque existen países fuera de esta sensibilidad política que también han presentado una importante disminución de la pobreza. Segundo, porque el incremento del gasto social y la aplicación de políticas sociales focalizadas no han sido apuestas exclusivas de los gobiernos progresistas ni son contrarias necesariamente al modelo neoliberal. No olvidemos que el diseño original de las políticas focalizadas de transferencia monetaria nace de los organismos internacionales que promovieron el llamado Consenso de Washington.

Lo que sí podemos decir es que esta preocupación en cómo afecta la desigualdad ha tomado más fuerza en la agenda política mundial. Por un lado, tenemos los casos donde los países desarrollados se vuelven cada vez más desiguales y disminuyen los beneficios sociales de su población. El caso más emblemático es el de Europa, siempre fue admirada por tener los Estados de Bienestar más desarrollados del mundo. Derechos de los que gozan su población han sido aspiraciones o sueños en el resto del mundo. Hoy, sin embargo, no sólo que ha triunfado la política neoconservadora, con su política de ajuste y recorte de derechos, generando cada vez más desigualdad en su población, sino que basta ver el tratamiento vergonzoso al tema de los refugiados que desarrolla la Unión Europea para darnos cuenta de su decadencia y claros retrocesos.

Hasta hace poco, sólo en los países de América del Sur donde han gobernado los gobiernos progresistas, con distancias más o menos diferenciadas con los modelos neoliberales, dependiendo de país a país, existió un debate político de mejoras sociales y un avance real. Así lo prueban los datos sobre disminución de la pobreza y la mejora en las condiciones de vida en gran parte de la población.

Sin embargo, el escenario ha cambiado los últimos años. La crisis mundial que empezó en el 2008 hoy empieza a golpear con mayor fuerza a América del Sur.

Existe un importante debate en el pensamiento económico mundial sobre cómo caracterizar dicha crisis, delimitar su período y sus efectos. Actualmente, debemos discutir si lo que ahora vivimos es la continuidad de esa crisis o un nuevo período inaugurado por ella caracterizado por ciclos económicos más breves, bajas tasas de crecimiento y que hoy presenta señales de una nueva recesión mundial. Más allá de todo eso, es claro que el contexto económico es desfavorable y que los Estados de la región tendrán que contar con menos recursos.

Adicionalmente, existen cambios en el escenario político. Los gobiernos progresistas viven un claro reflujo y atravesamos serias dificultades, tanto para mantener el poder político como para avanzar en una política de cambio y bienestar social. Desde el PSE hemos insistido en la necesidad de debatir con sinceridad, profundidad y capacidad autocrítica. Hemos tenido avances indiscutibles pero es necesario renovar al proyecto de cambio, dotarlo de nuevos contenidos, agregar nuevas demandas, refrescar nuestra propuesta dado el cambio de escenario en cada país, a nivel regional y mundial. Debemos discutir cómo hacer sostenibles las mejoras sociales en tiempos de crisis económicas, incluso plantearnos avances en algunas áreas. Cómo reconstruir mayorías sociales en países complejos, heterogéneos y con grandes diferencias de clases. Cómo profundizar la apuesta por dejar de ser países primarios-exportadores y cambiar las matrices productivas, incorporando valor agregado y productividad a nuestras economías. Cómo dotarle de sentido estratégico y contenido real y concreto a la integración regional, como una apuesta geopolítica. En fin, los debates de siempre pero en nuevas coyunturas.

En los países donde hemos tenido o tenemos gobiernos progresistas no podemos contentarnos con defender una visión de pasado y dejar a las derechas que hablen de ilusiones de futuro. No podemos dejar que las fuerzas conservadoras, que antes usaron las botas y siempre defienden los bolsillos de unos pocos, ahora nos hablen de democracia e interés general. Es terrible que los que construyeron fortunas con oscuras historias, que aquellos cuyos únicos valores eran los que se comercializan en las bolsas, ahora nos den clases de ética y decencia. No puede ser que los que vieron el norte como referencia, que piensan sólo en inglés y promovían las “relaciones carnales” con Estados Unidos ahora nos hablen de soberanía nacional e integración latinoamericana.

Pero afrontémoslo. Si las derechas resurgen no es sólo por su fuerza, su habilidad y el apoyo que concita de los poderosos. Si ellos tienen éxito es también porque nuestros proyectos se han desgastado, han dejado de ser mayoritarios, han dejado de convocar, de generar ilusión y de ser convincentes.

Pero dado este contexto de crisis económica, desgaste de los gobiernos progresistas y cierto envalentonamiento de las derechas, nos exige con más fuerza a las izquierdas que profundicemos y actualicemos el debate sobre cómo promover la igualdad, cómo se redistribuye la riqueza, más aún cuando algunos formamos parte de los gobiernos progresistas y queremos mantener lo logrado, profundizar el cambio y evitar que las crisis las paguen los que menos lo tienen.

El cambio de ciclo económico y la crisis económica no pueden ser los factores que desalienten el debate sobre la igualdad y la distribución. Pues el crecimiento económico si bien siempre brinda un contexto más favorable para redistribuir no es un factor que lo genera mecánicamente. Como muestra, vale observar que el aumento de los precios de la materia prima a nivel internacional se dio en áreas que tradicionalmente generan poco empleo, concentran la riqueza y tienden a acentuar la injusticia intergeneracional con daños en el ambiente, como por ejemplo los agronegocios o la venta de recursos naturales. Además, el hecho que América Latina tenga una carga tributaria baja y basada en impuestos indirectos (tributos al consumo) son dos factores negativos que incrementan la desigualdad. La experiencia europea nos indica que los Estados de Bienestar requerían mayores ingresos a través del aumento de impuestos, que estos sean progresivos y directos; es decir, que se basen sobre la propiedad, los ingresos y las utilidades afectando a los sectores más ricos.

El hecho que existan mayores o menores ingresos del Estado para que este pueda transferir en gasto social es sólo parte del asunto. Indiscutiblemente contar con recursos es importante, pero también lo es el tipo de políticas públicas que se implementan.

Hasta el momento en América Latina se generalizó el uso de políticas sociales focalizadas de trasferencia monetaria condicionada como una forma de mejorar los ingresos de los sectores más pobres. Son los casos de los Planes de la Bolsa Familia en Brasil, Oportunidades en México, Equidad en Uruguay, Bono de Desarrollo Humano en Ecuador, y similares en cada país. Si bien esto ha tenido éxito en mejorar la condición de vida de millones de personas no está claro que sea el mejor mecanismo para consolidar derechos sociales y transferir riqueza.

La evidencia histórica y empírica es que los efectos redistributivos del gasto social son más importantes cuanto mayor es la cobertura. Las políticas sociales focalizadas no pueden ser vistas como un sustituto de políticas universales, sirven pero como su complemento. Caso contrario se corre el riesgo de reforzar la segmentación social. Esto significa que la visión universalista, integral y solidaria es la mejor vía para crear ciudadanía social y combatir la pobreza y la desigualdad. Pero esto sólo involucra lo que los economistas denominan distribución secundaria, es decir, cómo se da la intervención estatal a través de captar ingresos y direccionar el gasto.

Sin embargo, el primer momento de la distribución del ingreso se da antes, lo que se denomina la distribución primaria. Y hace referencia a la relación entre los factores del capital y el trabajo, la forma que hace más visible qué se lleva cada uno se da a través del salario monetario. En América Latina si bien hoy se discute con más fuerza cómo el Estado distribuye a través de la política social no se pone el mismo énfasis en el reparto original, y en este campo de definir cuánto se lleva uno u otro hay mucho por hacer. Tan importante como generar trabajo es cómo se paga el trabajo. Lo que tiene que ver con la estructura e incidencia del sector informal de la economía pero también con la participación del trabajo en la renta total, la capacidad adquisitiva, el desarrollo de la capacidad de autogestión y cooperativa, así como la fortaleza organizativa de los trabajadores.

En Ecuador hemos tenido avances en mejorar las condiciones de las personas trabajadoras. El Presidente Rafael Correa siempre insiste que el norte del gobierno es priorizar el trabajo sobre el capital. Esto se ha evidenciado en combatir las formas de tercerización y flexibilidad laboral. En mejorar sustantivamente el salario básico, siendo actualmente uno de los más altos de la región. Se incorporó una visión más plural del mundo del trabajo, reflejada incluso en la Constitución.

Otro tipo de políticas que debemos prestar especial atención son las relacionadas con la educación. El gobierno ecuatoriano ha hecho de la mejora de la educación una de sus señas de identidad. Se ha destinado un alto porcentaje de nuestro presupuesto a la educación, como nunca antes en nuestra historia reciente. Los últimos años se ha logrado incrementar el gasto en educación en todos los sectores, como ejemplo menciono el 2% de nuestro PIB que hemos dedicado para educación superior, así como otros montos importantes en renovar la infraestructura y mejorar el salario de los maestros. Se ha mejorado la educación pública y se realizan esfuerzos para que la educación deje de ser un espacio de reproducción de la desigualdad social y se convierta en un terreno de cohesión de la sociedad, promoción de identidad, movilidad entre las clases sociales, distribución de la riqueza, y la construcción de ciudadanía y democracia.

En el mismo sentido, hemos puesto enormes esfuerzos en mejorar la salud pública ecuatoriana. Hemos ampliado también el presupuesto en salud e implementado una política incluyente y de mejora de atención.

Las izquierdas latinoamericanas debemos discutir con mayor profundidad cómo construir políticas públicas para la igualdad. Pues un distintivo de una política de izquierdas es que el principio de igualdad sea el que rija la sociedad. Esto significaría que la cantidad de beneficios y cargas en la vida de una persona debería ser equiparable, aproximadamente, a la de cualquier otra. Y para alcanzarlo se tiene que distribuir y redistribuir, ésto no puede ser sólo combatir los niveles de pobreza de quienes se mueren de hambre; es necesario combatir la desigualdad, la riqueza de los que se mueren de gula.

Queridas compañeras y queridos compañeros, es para mí un honor ser invitado a este acto del Partido de personas como Alfredo Bravo, un maestro, un defensor de los derechos humanos, un soñador de utopías y un digno hijo del ideal de Igualdad.

 

Que la libertad de uno, sea por la condición de justicia del otro.

 

Patricio Zambrano Restrepo

Presidente Nacional del Partido Socialista Ecuatoriano