Por: Patricio Zambrano

La búsqueda y consecución del poder, como una forma de organizar al pueblo, fue una cualidad del pensamiento de Salvador Allende. Desde de sus primeros años en el quehacer político creyó en la necesidad de generar procesos colectivos, sobre el beneficio individual.

El pensamiento de Salvador Allende, se formó a lo largo de su vida: cuando fue presidente del Colegio Médico, subsecretario general y secretario general del Partido Socialista de Chile, senador, vicepresidente y presidente del Senado.

En todas sus biografías, se resalta el camino político que lo condujera a ser presidente de Chile. Un camino para nada improvisado, que se remonta a los años de  estudios universitarios.

Desde aquellos años, Allende, ya pensaba en esa posibilidad y esa eventualidad se convirtió en realidad cuando ingresó al Partido Socialista de Chile. Es así que desde su cargo como secretario del Partido, trató de unificar a la izquierda. Allende creía en la necesidad de establecer acuerdos entre los distintos sectores de la sociedad progresista.

Años más tarde, el tiempo le daría la razón, todos los sectores que se concentraron en la Unidad Popular serían quienes encaminarían a su figura política y conciliadora a una candidatura presidencial.

Su liderazgo como político, permitió acentuar el proceso de adaptación de sus opiniones y prácticas políticas a los cambios de época, con miras a consolidar la construcción de la izquierda chilena.

La responsabilidad histórica que constituía ser el primer presidente de un gobierno popular, democrático y nacional, fue asumida con un real carácter revolucionario, basada en una política de concesos y opuesto a toda fuerza dogmática.

En los años de Presidencia logró  restablecer la economía nacional, vinculándose con todos los sectores de la sociedad. Ese sería el primer paso, para que luego se consolide la Política Socialista.

La redistribución de la riqueza, la nacionalización de la minería y la reforma agraria, fueron el camino que siguió el gobierno presidido por Salvador Allende, un camino que para detrimento del imperialismo estadounidense se convirtió en germen de otros países latinoamericanos.

Los EE.UU. en su afán por sepultar al Socialismo, generarían procesos desestabilizadores en la economía nacional chilena. Así también, se establecerían vínculos directos con la burguesía y milicia de ese país, con el fin de generar un golpe de Estado.

Aquel 11 de septiembre de 1973, en el último discurso que manifestara Salvador Allende, como Presidente de Chile diría “tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales… La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Y en un acto de convicción de sus ideas Socialistas concluiría  “trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo”.