Por: Patricio Zambrano Restrepo

 ¨Argumentos tenemos millones para defendernos; el capitalismo es indefendible, el imperialismo es indefendible; el socialismo, cualesquiera que sean los errores que puedan cometer los hombres —y no habrá ninguna obra humana en que los hombres no cometan errores—, es lo más noble, lo más justo y lo más digno que se pueda llevar a cabo.¨

FIDEL CASTRO RUZ

Hace muchos años grupos de compañeros  rojos rebeldes de todo el Ecuador se reunieron a discutir y pensar en colectivo. Sabían que era necesario juntar indignaciones y esperanzas. Creían que la dura realidad puede parecerse más a los sueños y que esto sólo se consigue conjugando en plural, reemplazando el yo por el nosotros. Así nació la apuesta por construir una organización concebida para transformar la sociedad, así surgió el Partido Socialista.

Ha sido, desde sus inicios, una organización claramente de izquierda, pero plural y democrática. Nació pensando y reivindicando lo ecuatoriano, pero inscrita también en deseos de cambio mundial.

El Partido Socialista se instituyó un 23 de mayo de 1926; sus fundadores pensaron desde entonces en un partido revolucionario con ideas de transformación de la sociedad, teniendo como actores políticos vitales a los trabajadores, artesanos, campesinos, intelectuales, estudiantes, mujeres y al pueblo oprimido por un sistema capitalista injusto y esclavizante.

La sola existencia del Partido Socialista significó un cambio en la política ecuatoriana. Los revolucionarios tenían ya una voz propia para intervenir y alterar el tradicional elitismo de la política ecuatoriana. Desde su fundación, el Partido Socialista ha sido el instrumento de los trabajadores. Desde su nacimiento, toda reforma social importante llevada a cabo en Ecuador ha contado con el sello socialista. No ha existido lucha social sin que las y los socialistas no hayan estado presentes. La historia del Ecuador no se puede contar sin la presencia del Partido Socialista. Y esto es algo digno de orgullo para cualquier militante socialista.

Eso no quiere decir que la historia del Partido Socialista es una historia de aciertos. En diferentes etapas el partido no acertó en la táctica, no logró convencer al pueblo, no siempre interpretó con exactitud la coyuntura o valoró en su justa magnitud el peso de los diversos factores. No siempre mantuvo una política acertada de alianzas, no siempre logró mantener la unidad interna requerida ni supo construir mayorías sociales o impulsar con la debida fuerza todas las luchas sociales. En fin, las diferentes generaciones de militantes socialistas cometieron errores y con el paso del tiempo son más visibles algunos de ellos. Sin embargo, no se puede acusar al Partido Socialista de traicionar al pueblo ecuatoriano y a sus principios.

No hemos sido ni somos un partido que agota su accionar en levantar candidaturas y conquistar espacios estatales. No hemos sido ni somos una organización que nace y muere según los ritmos del calendario electoral. No hemos sido ni somos siglas vacías que cambian de sentido en función de la moda, el oportunismo o la voluntad de persona alguna.

Porque ser socialista no es una postura electoral, es un proyecto de vida, una propuesta de futuro. Es una forma de mirar al mundo que tiene como objetivo la igualdad. Es una actitud que busca la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se vive. Es ser parte de una corriente política con definiciones claras y que enfrenta sin ambigüedades un status quo basado en la gula de pocos y la hambruna de muchos. Y ser militante del Partido Socialista significa entender que los cambios sociales no vienen del cielo o de la concesión efectuada “bondadosamente” por poder alguno. Los cambios sociales vienen solamente cuando hay acción colectiva, cuando hay organización, conciencia y lucha del pueblo.

En nuestro Ecuador, inmerso en el siglo XXI, el socialismo tiene dos grandes desafíos: el primero aportar sin lugar a dudas a la consolidación del proyecto nacional en un contexto de democracia, unidad, pluralidad e interculturalidad, y el segundo, enfrentar el ocaso del capitalismo y prepararnos para la revolución social.

Hace solo unos años atrás, muchos pensaban que ya no había sentido referirse sobre el futuro del socialismo en América Latina, sin embargo, hoy por hoy, el socialismo es una fuerza dinámica, activa, entusiasta que crece por la visión, compromiso y liderazgo de su militancia.